Dejad que respire el corazón, es una apuesta para tener la valentía de apostar por un “cambio de hábitos” en nuestras vidas cotidianas, la de todos, ante la barbarie del capitalismo y la sinrazón del mundo que ha llegado a crear y hacia donde se deriva, el absurdo y feroz capital.
Y aunque todo parezca imposible, ya no hay demasiadas opciones, y por el momento no veo muchas más alternativas, y entiendo que no hay más que apostar por la razón de lo colectivo, puesto que por el momento solo sabemos y podemos vivir en lo colectivo, y el apoyo mutuo, se hace imprescindible, porque en ello no solo nos va la vida, sino la sensatez de vivir en coherencia, con los sentidos que nos hacen iguales.
Por ello, como dice John Zerzan, entramos en “El siglo de la gran prueba”.
Así pues, por nuestra parte se trata de recuperar los pasos desandados y saber y entender donde estuvo el error y como paliar ese error.
La locura del mal de siglos que nos persigue, que ya filósofos como Rousseau, Proudhon, Bakunin o William Morris y tantos otros nos advirtieron, donde la inteligencia queda agazapada, en espera de no sé sabe qué.
Y frenar la paranoia en que nos ha instalado el capitalismo, y nada mejor que reflexionar sobre los pilares de este capitalismo de casta que está basado en la herencia y la propiedad privada y la multipropiedad de unos pocos para subyugar a su voluntad a la gran mayoría.

La misma naturaleza, nos advierte que el camino estaá cada vez más cuesta arriba y tiene síntomas de continuar quejándose.
Nuestro proyecto, no es una panacea, pero habrá que recorrer de nuevo un camino que otros ya iniciaron anteriormente.