Manel Aisa Pàmpols
Publicado en gener /febrer de 1983 en la revista El Vaixell Blanc
Secció Artística Literaria de l’Ateneu Enciclopèdic Popular.
Hoy, Federico García Lorca es alabado, y a menudo recordado como el poeta de la revolución, o mejor aún, decir, que él fue el poeta de la sensibilidad, del amor, de la pasión y de cuantos adjetivos más expresan una similitud. Pero no es el Lorca poeta o dramaturgo el que nos trae hasta aquí, sino su parte pictórica. Sí porque Federico también quizo visualizar sus sentimientos y dar forma a sus personajes más queridos. Y aunque nunca toque ni palpé con la vista un original de García Lorca; Ceniré este trabajo a los dibujos traslúcidos aparecidos en numerosas biografías suyas. Ese dibujo de Lorca nos resulta sumamente infantil, apenas evolutivo, quizás las propias corrientes vanguardistas de su tiempo así lo exigían, -inexpresivo- en la mayoría de las ocasiones sus personajes conservan un estado anímico bastante diferente a la situación ambiental, y –lineal- casi siempre, como una medida más de su infantilismo.
Si tuviéramos que destacarlo como profesional de la pintura indiscutiblemente tendríamos que dar fe de su buen apadrinamiento, Dalí, Barradas, Gasch, Dalmau, etc. Pero se hace incuestionable que no se trata del –Gran y fabuloso pintor- sino de un poeta que dibuja y colores, y es aquí, en este punto cuando nos acercamos a Federico que nos revela una impensada acción del, – poeta, artista- que quizá lo que con mayor claridad refleja es la distancia real que guarda el artista con respecto a su personaje.
Releyendo a Antonina Rodrigo vemos como el gusto de Federico por el dibujo desde su niñez está en un primer plano es así como le vemos primero ilustrar sus prosas, sus poemas y luego sus libros, llegando también a esbozar en sus cartas con mucha frecuencia.
Poco antes de la primavera de 1927 Federico había dibujado a su Mariana Pineda y esbozado su Granada todo ello con el fin de que su buen amigo Dalí tuviera una mejor visión de lo que luego sería los decorados del estreno de Mariana Pineda en Barcelona (24-6-1927).
Mientras tanto en el mes de Mayo de este mismo año Barradas y Gasch se reunían en el café Oro del Rhin (Rambla Catalunya –Corts Catalanas), junto a Federico para ver y discutir los dibujos coloreados de Lorca. Gasch y Barradas quedaron tan impresionados por los dibujos allí mostrados y la encantada personalidad del poeta granadino que no dudaron en instigar a Josep Dalmau para que éste accediera a colgar los dibujos de Federico en la sala Dalmau situada por aquel entonces en el Paseo de Gracia 62. Así fue como tuvo lugar la primera y la única exposición individual de Federico, un día después de la inauguración de Mariana Pineda; el 25 de junio de 1927 a las seis de la tarde. Y le apadrinaron : Dalí, Foix, Carbonell, Cassanyes, Góngora, Barradas, Gutiérrez Gili y Gasch; la exposición duró ocho días, terminando el sábado 2 de julio.[1]
Veinticuatro fueron los dibujos coloreados de Lorca que llevaban por título: “Claro de luna”, “Sueño del marinero”, “Vaso de cristal”, “Dama en el balcón”, “Payaso”, “Gota de agua”, “Ojo de pez”, “Escándalo”, “Santa Teresita del santísimo sacramento”, “Claro de Circo”, “Naturaleza muerta”, “Payaso Japonés”, “Leyenda de Jerez”, “Teorema del Jarro”, “La mantilla”, “La musa de Berlín”, “El viento este”, “Teorema de la copa y de la mandolina”, “Merienda”, “Pecera”, “Beso en el espejo”, “Naturaleza muerta”, “retrato del pintor Dalí”. [2]
Sin duda, Federico se encontraba por aquel entonces álgido de gozo ya que se le había reconocido esa faceta de pintor que tenía un tanto negada. A sus 29 años, Barcelona ponía en cartel su obra de Mariana Pineda y exponía sus dibujos coloreados. Sin embargo, la prensa de su tiempo apenas prestó atención a sus obras. Tan sólo sus amigos Sebastià Gasch, Salvador Dalí y Josep María de Sucre le dedicaron sendos espacios en “L’Amic de les arts” del 31 de julio de 1927, dirá: “¡ Que los borócratas del arte, los miedosos, que los sedentarios pasen de largo!”/ “Que los temerosos del ridículo, y de las aventuras inéditas, y los grávidos de preocupación pasen de largo!”/ “Los dibujos de García Lorca se dirigen exclusivamente a los puros, a los sencillos, a los que son capaces de sentir sin comprender. A los inefables catadores de la infinita poesía de los objetos pueriles, anti-artísticos y anti transcendentes”.[3]
Poco más tarde Federico escribe a Gasch agradeciéndole su artículo y dirá: Usted ya sabe el extraordinario regocijo que me causa el verme tratado como pintor”.[4]
Pese a los pobres resultados de Lorca como pintor, no duda Josep Dalmau en invitar a Federico en carta fechada el 29 de septiembre del 27 para una muestra colectiva en homenaje al padre del futurismo Marinetti. Motivo este que provoca que de nuevo sus obras cuelguen de las paredes de la sala Dalmau.
Años más tarde, ya en plena República (junio 1932) participa en otra exposición colectiva organizada por el Ateneo de Huelva junto a J. Caballero, J. de la Puente y P. Valdeavellano.[5]
¡Y ahora ya! Que sólo nos resta recordar otra exposición de sus dibujos, daremos un salto en el tiempo y nos trasladamos a 1964-65 en el pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York. Están colgados esos dibujos coloreados de Federico junto a la obra de un buen amigo que lo fue Gregorio Prieto, con temas eminentemente lorquianos.[6]
Para mejor expresar lo que representó la pintura de Lorca recurrimos a G Prieto que nos dice: “Tiene en la poesía a su compañera oficial, inseparable y fiel. Pero la pintura es la secreta amante por la que se siente fatalmente atraído”. [7]
Manel Aisa Pàmpols
Texto extraído de la revista “El Vaixell Blanc Barcelona Secció artística literaria de l’Ateneu Enciclopèdic Popular nº 18 Gener Febrer 1983, dedicado a Federico García Lorca



[1] Las Noticias 25-6-1927
[2] García Lorca en Cataluña . Antonina Rodrigo P.108
[3] García Lorca en Cataluña Antonina Rodrigo P.114-116
[4] Los protagonistas de la Historia . María Isabel Hernando P.9
[5] Las Vanguardias artísticas en España 1909-1936 Jaime Brihuega P.521
[6] Los protagonistas de la historia María Isabel Hernando P.3
[7] Los protagonistas de la historia . María Isabel Hernando P.3