Manel Aisa Pàmpols

En 1934 creado el Comité de Defensa Confederal de Cataluña
Nos cuenta García, que los tres eran amantes de la música de Franz Listz, los tres eran, como dice la canción de Chicho Sánchez Ferlosio, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti y García Oliver.
Probablemente, estemos hablando de poco antes de octubre de 1934, cuando, los socialistas se habían puesto en contacto con Ascaso, el encuentro con los ugetistas, capitaneados por Rafael Vidiella, le saca las vergüenzas al anunciarnos que, en realidad Vidiella se alejó del anarquismo porque bebía con frecuencia y entonces, en aquellos años 20, los anarquistas apenas entraban en las cantinas para beber.
Al parecer los delegados UGT venía de parte de Largo Caballero, para preparar una revuelta izquierdista, Largo debía encontrarse con Companys, pero también quería verse con los anarquistas. Bien los delegados Ugetista pidieron cerveza, nuestros tres amigos anarquistas no sabemos que llegaron a beber, pero es de suponer que ya estaban con su chato de vino del Priorato o quizá de Gandesa, o continuaban siendo abstemios.
Al parecer Largo Caballero apostaba por un acercamiento con la CNT-AIT de Cataluña, porque seguramente necesitaba o mejor sabía de la fuerza de la organización.
Es curiosa la doble lectura que hoy podríamos tener de aquella situación entre cenetistas y ugetistas, en el momento en que los cenetistas preguntan ¿cuál es la aportación a Cataluña?
El comité que ellos representaban, seguramente con algunos miembros más de los Solidarios por boca de Juan García Oliver, preguntaron si la UGT tenía la intención de conectar con otros comités confederales, al parecer los delegados socialistas lo desconocían, el funcionamiento interno de la CNT AIT, por lo que quedaron a la espera de conocer este dato, pero había la convicción de que solo actuarían en caso de que se llegará a un acuerdo, entonces ellos lo harían extensible a toda la CNT-AIT por los conductos oficiales, Comité Nacional, Comité Regional, etc.
Nuestros tres anarcos decidieron y así se lo dijeron a la delegación de UGT, que darían su respuesta en una reunión en Barcelona con Largo Caballero.
Al poco tiempo, venía Largo Caballero a Barcelona para encontrarse con Companys, los cenetistas únicamente tenían que esperar el lugar de encuentro tal como habían convenido.
Pero no hubo tal entrevista y Largo Caballero llegó, habló con Companys y marchó de Barcelona y los cenetistas se quedaron a la espera.
Los ugetistas los volvieron a convocar y decidieron acudir, los Solidarios, pero esta vez con un poco de más mala leche, por lo que se presentaron como un cuarto de hora más tarde.
Juan García Oliver, siendo el portavoz del grupo, después de convenir su postura, entendieron que había una deslealtad de los ugetistas con la postura de Companys que en realidad no les podía garantizar referenciar nada sobre el movimiento obrero de Cataluña, por ello el fracaso de los hechos de octubre en Cataluña estaba asegurado.
En septiembre de 1934, Juan García Oliver marchó a Madrid donde entra en el consejo de reacción del periódico CNT con Liberto Calleja allí en Madrid, Oliver nos habla que se encuentra una chica llamada Sofía Saornil en un tono no demasiado acertado, pero que entiendo era el vocabulario y la mentalidad de la época y que me perdonen las feministas, seguro que se trata de Lucía Sánchez Saornil.
Por primera vez García Oliver aceptó estar en el consejo de redacción del periódico CNT, que era uno de los puestos retribuidos del anarcosindicalismo, y lo hacía por dos motivos, primero porque estaba al día en el tema de la nueva ley de Amnistía, que al parecer se la conocía al dedillo y otra era para poner un poco de orden en los artículos que llegaban a la redacción, cargados de adjetivos de toda índole, con el intento de hacer un periódico, algo más inteligible.
En este periodo que actúa de redactor de CNT aparte de poner énfasis en los artículos sobre la Amnistía que según él fueron recogidos por los juristas con buena voluntad, se dedicó con los colaboradores a cambiar y asesorar para que utilizaran más sustantivos en vez de adjetivos para decir lo mismo, pero sin que fuera el periódico clausurado o multado.
Por lo que entendemos de las memorias de García Oliver, al parecer el comité que ellos tres representaban al principio podían haber llegado a un acuerdo con los socialistas, para aquel octubre de 1934, pero Companys en su entrevista con Largo Caballero le aseguro que él solo con su gente tenía suficiente para movilizar al movimiento obrero en Cataluña, era un grave error de bulto como tantos otros que tuvo Companys en su vida.
A Yoldi que estaba en el Comité Nacional, en aquel momento Juan García Oliver lo considero una persona poco preparada para la alta política, que en 1934 se jugaba en España, y recordaba que el cargo de Comité Nacional estaba reservado a compañeros aún en construcción, es decir, gente que le faltaba experiencia, en ese momento la CNT cuidaba más los Comités Locales y Regionales, de abajo hacia arriba, el Comité Nacional de la CNT era simplemente un lugar de gestión.
Entiendo que el movimiento libertario se negó al final en participar en la contienda de octubre de 1934 debido a lo que García Oliver nos ha explicado arriba, y solamente en algunos pueblos de Cataluña y en Asturias participó activamente y llevaron los actos a ser considerados revolucionarios, por qué así lo entendieron desde la Alianza Obrera, que tenían pactada con socialista y comunistas, mientras que la dirección de CNT en Madrid, lo único que pretendía era una acción política capaz de derrotar a las derechas.
Por lo que cuenta García Oliver en Barcelona fue un descaró de Josep Dencas y los hermanos Badía que se paseaban por la ciudad con sus ametralladoras Thompson deteniendo anarquistas, cerrando el periódico Solidaridad Obrera y alguna sede de sindicato anarcosindicalistas.
Al lado de Companys y sus “escamots”, aparte de su gente habían participado, los “treintístas” y los pequeños grupos como POUM, seguramente se refiera en este caso García Oliver a la gente del Bloc Obrer i Camperol, ya que el POUM aún no existía, se fundó un año más tarde.
Con la detención y encarcelamiento de Companys y todo su gobierno encerrado en el Penal del Puerto de Santa María, donde de nuevo fue penal, un espacio que ya había sido reservado a una residencia de ancianos, es decir, que, de nuevo, se adaptó para los encarcelados políticos.
García Oliver tiene muy claro que son los mismos republicanos, aquellos que en enero de 1933 actuaron contra seis dedos y su gente en Casas Viejas con su grito de “tiro a la barriga” y ahora “Matad a esos hijos de perra” que los soldados desplazados a Asturias gritaban a los mineros asturianos.
En ese contexto de aquella España rota después de la insurrección de enero y diciembre del 1933 en Barcelona y el fiasco de Octubre del 34, el análisis de García Oliver, del, ¿qué hacer?, de los políticos, denuncia en sus memorias de que las derechas no están a la altura adecuada de aquel momento, que podían haber evitado los sucesivos enfrentamientos.
En la reunión del grupo “Nosotros” que hubo en casa de García Oliver para hablar de la situación delicada de España, pero sobre todo de Cataluña, donde acudieron todos los conocidos del grupo, además de García Vivancos, hay que recordar que Aurelio Fernández era en ese momento miembro de la Federación Local de Barcelona, mientras que Jover era del Regional, además Aurelio andaba en ese tiempo intentando organizar el Comité de Defensa Confederal de Cataluña, proyecto que en otros lugares de España estaba muy lejos de llevarse a cabo.
Empezaba la preparación de lo que todo el mundo esperaba, estamos ya acercándonos al 18, 19,20 de julio de 1936 y los anarquistas como cuenta García Oliver gracias a Ricardo Sanz y los anarcos del municipio Barcelonés se han procurado lo que els escamots desecharon en su momento tirando a la cuaca y ahora puede ser de mucha utilidad, con 300 Winchesters ya preparados y limpios.
Bien, todos estos catalanistas que habían fracasado en octubre del 34, ahora reflexionaba y pedía un acercamiento a los anarquistas y por ello, nada mejor que encontrarse con el grupo “Nosotros”, mientras Durruti recordaba que “Els escamots” no lo habían tratado demasiado bien encerrándolo por un tiempo en la comisaria de Vía Layetana 43.
Juan García Oliver, tenía un muy buen criterio sobre las reflexiones de Francisco Ascaso, y por lo que entiendo, al menos así lo deja entrever en varias ocasiones, al menos así queda reflejado en sus memorias donde destaca la agudeza de Francisco Ascaso.
En este ambiente, García Oliver nos cuenta como un grupo de anarquistas y también anarcosindicalistas, que no tenía claro este nuevo gobierno republicano, empezaron a zarandearlo, tal como él, se explica con una táctica faísta y su gimnasia revolucionaria.
El análisis político de aquel momento tal como lo presenta García Oliver, sin duda, vemos una brecha entre Durruti y García Oliver, en su análisis de la situación política, y de las reflexiones de Durruti, del momento revolucionario que empiezan a vivir.
Entendemos que Buenaventura Durruti no hace un análisis al completo de la situación, porque no todo parece importarle más que el movimiento libertario y las acciones que ha llegado a realizar en aquellos años a destacar el asalto de la Generalitat del 1 de mayo de 1931, se refiere a acontecimientos de clara referían a la” Huelga de alquileres”, o del 8 de enero de 1933 y el 8 de diciembre de 1933, que son fechas de lucha que si hay que analizar, según Durruti, más que el triunfo en las elecciones de derechas o izquierdas de aquel 1936.
En aquel momento, según García Oliver, el único que tenía un discurso más o menos actualizado y no tan centrado en los análisis del pasado era Francisco Ascaso que aun queriendo estar de acuerdo con Buenaventura Durruti no podía compartir del todo los argumentos de Durruti.
Durruti en una misma conversación, dudaba y le faltaba convicción, así que donde parecía estar contrariado con Juan García Oliver, al final, acababa su reflexión planteando de estar de acuerdo con lo dicho por García Oliver.
El debate estaba claro y había que dejárselo bien claro a Companys, ganará quién ganará en seis meses, la lucha estaba en la calle, así que Miguel García Vivancos quedó encargado de hablar con miembros de Esquerra Republicana para hacerle llegar una nueva propuesta de reunión con Companys, donde las reflexiones del grupo “Nosotros” ya estaba tomada, previa reflexión y acuerdos del grupo, pero hay que recordar que Companys todavía estaba preso en el Penal de Santa María.
Juan García Oliver, llegó el momento del contacto, y al hablar como delegado del grupo “Nosotros” a los emisarios de Companys, que eran Josep Trabal que ejercía de secretario de Companys, hace una reflexión sobre el pago de aquel desastroso Octubre del 34, donde evidentemente hay una gran represión sobre los hogares de miles de catalanes.
Al final, el objetivo de aquella entrevista era una lectura para las próximas elecciones donde debían ganar, para poner tierra de por medio con los acontecimientos de Octubre del 34, volver a la normalidad y la libertad de todos los presos, cosa que evidentemente interesaba a una ensangrentada clase obrera que tenía multitud de heridas y hogares partidos.
En todo este movimiento podemos entender que evidentemente estas memorias Juan García Oliver están escritas desde la visión posterior del tiempo transcurrido, quizá entre los años 60 y 70 del siglo pasado, tenemos entendido y después de conocer los hechos, aunque García Oliver nos presenta su reflexión de una revolución y una guerra civil, como si fueran reflexiones del momento, incluso con diálogos.
Me resulta el relato de García Oliver tan clarividente, que se me hace ineludible dudar de tanta clarividencia, o sea, no me lo puedo llegar a creer, aunque me gustaría creer.
De todos modos, García Oliver continúa con las apreciaciones de todo un encuentro con los delegados de Companys y de cómo organizar el levantamiento, sobre todo con Trabal, Farreras y Salvat, como estos incluso aceptan la necesidad de nutrir de armas a los anarcosindicalistas, todo en aquella reunión queda en el aire, ya que saben que tanto si el frente popular gana o no las próximas elecciones las derechas se levantarán en un golpe militar para el que hay que estar preparado.
El dilema estaba según Juan García Oliver en qué posición adoptar ante las próximas elecciones, y estaba claro que había que sacar a los compañeros de la cárcel.
Después Juan tuvo que defender la posición del grupo “Nosotros” en la asamblea de Madrid, donde se enfrentó dialécticamente con Avelino González Mellada, que aprovechó para lanzar los rumores que corrían por Asturias sobre la posición de Companys donde les negaría las armas.
Ya estamos en el 36, después de las Batallas de Barcelona, podemos decir que era una generación que por fin había vencido al capitalismo, aunque fuera por unos meses y el cómo una de las figuras que más sobresalieron de aquel combate, que no tuvo la suerte de quedarse en aquel lugar de la lucha y, por lo tanto, le tocaba organizar ese mundo nuevo del que tanto debíamos hablar a partir de aquel momento, con su propuesta de “ir a por el todo” que fue rechazada por la organización CNT FAI y solo seguida por pocas federaciones locales.
Volviendo atrás en la historia, cuando Juan García Oliver, recién llegado a Barcelona, habla en el libro del “eco de los pasos” de la semana trágica, cosa que no puede ser, por ser él demasiado pequeño, pero si en el criterio de años posteriores y de historias que ocurrieron por ejemplo, ya en agosto de 1917, recién llegado a Barcelona con apenas 15 años, una frase que se le había quedado grabada en el más profundo de su mente «de dos jóvenes barcelonés que se enfrentan al ejército y todo y plantarles cara” ¡No se puede con el ejército!, frase que ya había oído, años antes, en su natal Reus.
Siguiendo con sus memorias que en absoluto son monolíticas, de vez en cuando, camina hacia atrás en el recuerdo, así García Oliver nos recuerda que ellos (Nosotros, Los Solidarios) en 1931 ya había empezado con el Comité de Defensa Confederal de Barcelona, por todo aquello que veían venir que pasaría, con un duro enfrentamiento, una lucha de clases que abriría una brecha, con la guerra civil y demás historias, mientras que los militares a las órdenes del General Mola empezaron a prepararse para el golpe, al menos un año más tarde, y en su momento, García Oliver nos dice y se da cuenta de lo que está ocurriendo por las necesidades de construir un Comité de Defensa, convertido en un pacienzudo estado mayor proletario.
El extraordinario planteamiento revolucionario que plantea Juan García Oliver en nombre de todo su grupo y por su puesto de la gente del Comité de Defensa de Barcelona, que tenía un plan para frenar al ejército fuera de sus cuarteles, el control del aeropuerto de la ciudad y la Telefónica, en la mirada de los primeros pasos.
La Estrategia de García Oliver, una vez establecidos en centro de Operaciones del Arco del Teatro, con un retén de compañeros capitaneados por Buenaventura Durruti que a toda costa debían impedir que los militares tomaran la Rambla mientras, otros irían en refuerzo de los compañeros que estaban luchando en la Bretxa de Sant Pau frente del Molino, por dos calles diferentes, por allí andaría, él, y por la otra calle Francisco Ascaso.
Al término de esas dos batallas cruciales para la suerte de la ciudad de Barcelona y al grito ahora tan querido, por los anarquistas mirando la sangre de Ascaso en el lugar donde había caído y gritar ¡Sí, se puede con el ejército!
Señala García Oliver que fue el día más largo de la historia del anarcosindicalismo, aquel 20 de julio había empezado el 18.
Fue el día de la gran victoria.
Fue el día que empezó la gran derrota.
Y la gran derrota, empezó en el momento que Companys llamó por teléfono a la Secretaria del Comité Regional de la CNT de Cataluña, para rogar que la CNT enviase una delegación a entrevistarse con él.
Empieza Juan García Oliver de una manera descarnada a reprochar la actitud de los que él, llama pseudo intelectuales de la CNT, que no aparecen nunca en la lucha de la calle, Federica, Santillán, Alaiz, etc.
Según nos índica García Oliver, el Comité Regional de Cataluña adelantó la decisión de entrar a formar parte del comité de Milicias Antifascistas antes de la famosa reunión del Pleno de Locales del 23 de julio.
La comisión con la Generalitat estaba formada por los anarquistas Aurelio Fernández, Durruti, Asens y García Oliver.
En aquel momento, de las negociaciones sobre la puesta en marcha del Comité de Milicias Antifascistas, el propio García Oliver se cuestiona muchísimas cosas del que hacer en aquel momento, la actitud a tomar, etc.
En un momento dado, Juan García Oliver hace una bonita descripción y nos habla de la República Catalana por la que lucha la burguesía capitaneada por Companys, y nos habla y describe lo que quieren, de las cinco sirvientas, dos coches, un chófer, y los domingos en la calle Petrixoll a comprar ensaimadas para el chocolate.
En un primer momento, y a los pocos días ya Companys quería volver todo el poder a un Comité Ejecutivo que saliera directamente de Palau de la Generalitat con Pérez Farras y ya el adjetivo “antifascistas” desaparecía del nuevo y pretendido orden, Comité del cual los anarquistas apenas hicieron caso y continuaron montando su historia, creyéndose los dueños de la calle, pero aquella actitud de Companys habría el camino de la contrarrevolución que se iba a vivir en Cataluña.
Cuando ya está en marcha el Comité de Milicias Antifascistas y García Oliver nos habla de Marianet como secretario del Comité Regional y nos lo describe pésimamente, nos dice que al menos tiene que llevar un año para ser nombrado Secretario, bien seguro que García Oliver, desconocía que ya al menos en el 1933 Marianet era el Secretario del Sindicato de la Construcción.[1]
Lo satisfecho que andaba Juan por haber ocupado el Fomento del Trabajo en Vía Layetana, además recordaba como ese magnífico edificio ahora expropiado por los trabajadores, se había engullido en su día a uno de los lugares clásicos del anarquismo catalán allí detrás de Fomento, calle Mercaders, estaba un local donde en 1919 se había realizado extraordinarias asambleas y reuniones de los obreros.
Hay que entender que todo y que al final la asamblea de Federaciones Locales no se decidió de ir a por el todo que planteaba García Oliver y algunas Federaciones Locales como el Bajo Llobregat, al final debemos entender que el Comité de Milicias Antifascistas fue el órgano más revolucionario de todas las revoluciones hasta hoy conocidas, donde podemos discutir cuál fue su periodo revolucionario, tres meses, cuatro meses, cada uno puede opinar el que crea conveniente, pero lo cierto, es que no hay otro momento estelar en el ámbito de la libertad colectiva, de más envergadura.
En aquella famosa asamblea del 23 de julio donde triunfo la propuesta de Abad de Santillán, asamblea que aceptó participar en el Comité de Milicias Antifascistas, también las gentes de la CNT aceptaron por mayoría que fuera García Oliver el representante máximo de la CNT en dicho Comité.
Todo y que con Durruti, sobre todo a partir de la asamblea de Federaciones Locales, donde al parecer Buenaventura Durruti apenas dio voz a su postura en aquel momento tan transcendental, y fue uno de los momentos de rompimiento entre ellos dos “Solidarios”, a la hora de salir la Columna de Barcelona, la primera que se iba hacia el frente, García Oliver señala que fue la única persona que fue a despedir a Durruti y a su gente que iban hacía Aragón allí no había nadie de la Generalidad, ni del Comité Regional de la CNT.
Defender la barricada, es defender la derrota, es como ser consciente de la inferioridad y resistir un tiempo, pero que parece que no hay otra más que la derrota.
Una vez las columnas en marcha hacia Zaragoza, la oportunidad estaba, según García Oliver en la rapidez de llegar hasta Zaragoza, pero el hecho de montar un cuerpo de mando en Bujaraloz bastante lejos de la capital maña, además de estar en campo abierto las Milicias eran muy vulnerables por la aviación de los sublevados militares. Fue una oportunidad perdida.
En el libro García Oliver, conforme van apareciendo los compañeros en el relato, también y con frecuencia nos los argumenta que, si eran altos, bajos, gordos, delgados, o la peculiaridad que él consideraba oportuna, incluso en catalán, a veces sorprendentemente, y naturalmente todos tenía su catalogación, poco más o menos lo que ahora llamamos “marujeo”, en este caso nos habla de Liberto Callejas en la Modelo en 1919, mallorquín recién llegado a Barcelona y ya estaba visitando el Hotel Entenza la cuestión es que aún no tenía sindicato en Barcelona y ya desde la cárcel los compañeros le están pensando, en qué sindicato debe sindicarse, reconoce la buena pluma que tenía, era Calleja el hijo de un republicano con el cual tuvieron al parecer muchísimas afinidades.
Para mí, el hecho de tener que enviar un grupo de compañeros de plena confianza anarquista del grupo “Nosotros” hasta Valencia, tiene una lectura muy clara, y era que en aquel momento el pulso contra los militares lo mantenían los anarcosindicalistas, capitaneados, aunque suene mal la palabra por García Oliver, Aurelio Fernández, Gregorio Jover, Cristóbal Albadetrecu, Ricardo Sanz, “el Valencia” en fin, la mayoría de los que salen en la foto en su marcha por Vía Layetana en un primer momento. La caída militar de Valencia fue cuestión rápida al momento de ver llegar a los anarquistas desde Barcelona, que unos se sintieron más fuertes (el pueblo) y otros entendieron que no tenían nada a hacer (militares).
La necesidad de dotar de armamento ágil y también de algunos elementos de armamento pesado, desde el Comité de Milicia Antifascistas, se vio desde primer momento la necesidad de que los sindicatos se formaran para fabricar lo necesario para el material de guerra y los primeros en esta tarea serán los del Metal y Químicas, otros sindicatos ya colectivizada la vida social aportaran todo su empeño en construir la revolución, una sociedad en marcha e ilusionada por los cambios, porque de alguna manera estaban construyendo algo diferente que por el momento era ilusionante para todas las mujeres y hombres de la clase obrera.
Creo que entre los hombres de confianza de García Oliver estaba Vicente Aranda Ortiz hombre de los grupos de acción como el “Valencia” y otros y cuando necesitaba recurrir a una escolta casi siempre estos dos compañeros iban al lado de García Oliver, otra de las cosas interesantes de este tema, al menos para mí, se trata de Vicente Aranda era hermano de Andrés Aranda compañero del grupo de la Calle Aurora que en su día fue ejecutado en la Modelo de Barcelona el 21 de diciembre de 1934, y después unos meses después los compañeros de Aranda, en concreto para ser que fue Ginés Urrea quién fue a por el verdugo y lo encontraron en una taberna de Sant Andreu era el 9 de febrero de 1935, bien, Andreu Aranda creo que era el tío del cineasta Vicente Aranda, no es que sea importante, ni deje de serlo, simplemente son los vasos comunicantes entre el ayer y el hoy.
El primer intento de Companys de desactivar el Comité de Milicias Antifascistas, actuando con escarceos con la gente de la CNT, de los Comités a espaldas de los compañeros que estaban dando el callo en los Comités recién creados por el Comité de Milicias Antifascistas y asumido sus responsabilidades.
Otra de las cosas que podemos recoger en estas notas, sobre García Oliver, lo encontramos precisamente cuando Casanovas y Companys tratan al poco tiempo de restablecer el Gobierno de la Generalitat, queriendo recuperar las leyes de la República tanto de la Constitución española como del estatuto de Cataluña, cuando García Oliver defiende, que se están equivocando, ya que el poder ahora emana del Comité de Milicias Antifascitas, que desactiva toda ley anterior.
La necesidad de crear una escuela militar, para que salieran soldados graduados como Alférez, con capacidad militar para dirigir la milicia, que en aquel momento está sin apenas graduaciones, y esto lo tenía que asumir el Comité de Milicias Antifascistas.
Esa Escuela de Formación Militar que había ideado García Oliver con el asesoramiento el comandante Vicente Guarner, y que los comunistas tenían entre las cejas, tanto que su cónsul en Barcelona , Antónov-Ovséyenko andaba preocupado e impaciente por visitar a toda costa, seguramente para informar al detalle a Moscú.
Produjo García Oliver toda la infraestructura de aquella escuela militar, y aunque no lo acaba de situar para este menester en estas memorias, creo que se ha ocupado el edificio de los Jesuitas de la calle Caspe, y algunos edificios de la parte alta de la ciudad. Esta Escuela de Formación Militar, tenía el objetivo de que de ella salieran hombre con mando de suboficiales del ejército de milicianos que había en ese momento, es todo un desafío para el Comité de Milicias Antifascistas, pero seguramente una cosa llevaba la otra emparejada, es decir, estábamos en guerra y había que aprender a combatir.
La Escuela de Militantes, de entrada nos señala García Oliver que fue bastante desastre, no llegaron nunca a funcionar como ellos querían, el hecho de descubrir que Manuel Buenacasa era un confidente de la policía, no le hacía demasiado apto para ser el hombre que dirigiera la Escuela de Militantes, quizá por este motivo la escuela de oratoria para los militantes anarquistas quedó inédita, por este motivo, señala Oliver que al parecer no se supo escoger bien al director que debía ser Buenacasa, todo un confidente, que después continúo en el movimiento libertario y vemos su extensísima biografía que tendremos que ocuparnos antes de publicar de ver o leer que dicen sus biógrafos de todo ello. Pero, García Oliver insiste en no achacarle las culpas a Manuel Buenacasa, ya que no era la persona ideal para llevar las riendas de este proyecto, y asegura García Oliver que el comité Regional o el Nacional lo sabían.
Otro episodio que nos cuenta el bravo de Juan García Oliver, es cuando la familia de López Varela ese capitán que luchó con las tropas del fascismo en Barcelona y cayó prisionero y sus propios compañeros de armas lo condenaron a muerte, pues bien, madre, mujer y hermanas se presentaron ante García Oliver por creer en toda Barcelona que él era la máxima autoridad revolucionaria del momento, y en cierto modo era así, lo que pasa es que como buen anarcosindicalista, delegó aquella condena a los responsables de aquella decisión que no eran ni más ni menos que los militares republicanos.
La muerte de José Gardenas cenetista de Camarassa, nació 1896 en Sant Llorenç de Mongat, Lleida, y el desacierto de seguir todos los comités confederales, una ejemplaridad que probablemente no venía al caso, porque en aquellos días de la revolución había asaltado una joyería y necesitaban dar ejemplo.
Una vez tuve a la hija de Gardenas una tarde en el Ateneu Enciclopèdic estaba muy preocupada porque desconocía mucho de su padre, y se sentía responsable de sus actos, no dejaba de repetir “diuen que era un traïdor”, intenté calmarla y decirle todo lo contrario, que era un gran revolucionario que harían falta muchos más como él, pero cometí un fallo tenía otras visitas a la vez y no pude terminar de atenderla como debía y marchó del ateneu sin poder cogerle los datos de afiliación, que sé yo, un teléfono, una dirección, fue un personaje de la historia que probablemente llevaba años esperando y cuando lo tuve enfrente, paso de largo sin apenas advertirlo, bueno si, siempre he maldecido, el momento que ella, marchó sin poder decir todo lo que sentía de su padre José Gardenas, uno de los grandes revolucionarios de los años 20, eso sí, le di, toda la información que tenía en ese momento de Gardenas, y ella, una mujer de aspecto humilde marchó algo mejor que vino, al menos había encontrado alguien que le dijo que Gardenas fue un gran tipo. Lástima porque aquello podía ser un encuentro para tirar de hilo muy bueno. Era en el año 2012.
Bien referente a lo que cuenta García Oliver, sin saber él mucho del tema, se carga a Manuel Escorza, y a Fidel Miró, al cual señala como sospechoso de que fuera él, quien indujo a aplicar la condena a muerte de Gardenas.
Hay un momento en el libro que se da cuenta del error militar que comete la Columna Durruti al detenerse en Bujaraloz y achaca el error principal al militar asesor Pérez Farras, no olvidemos que Pérez Farrás fue el militar que estuvo en la represión del Alto Llobregat unos años antes en 1933 en pueblos como Sallent y otros de la comarca, el tema de detenerse en Bujaraloz ya se ha debatido en varias ocasiones, también con Abel Paz que defendía toda iniciativa de Durruti aunque solamente lo vi reflexiones sobre esta cuestión cuando Francisco Carrasquer publicó el libro “La Pérdida”, donde relaciona a Francisco Ascaso, con la pérdida de Zaragoza, es decir, en Atarazanas se perdió Zaragoza, y esos argumentos los recuerdo bien cuando en, Carrasquer le comentaba a Abel Paz, aquel episodio de no entrar en Zaragoza.
El Tema de Bayo y la conquista de Mallorca, que fue un fiasco y como Bayo y otros, incluyendo los anarcos que le acompañaron, pocos, pero alguno había, decía no saber nada de la autoridad revolucionaria del Comité de Milicias Antifascistas. A la vuelta del fiasco, más de uno pedía la cabeza de Bayo, pero García Oliver, como en otras ocasiones y por lo que explica, se dedicó a apaciguar las aguas de justicia militar que muchos quería realizar en la persona de Bayo.
Después de todo un interrogatorio de buena parte de Seguridad del Comité, tanto en Militares como Vicente Guarner como de los compañeros que rodeaban a García Oliver, como ahora por ejemplo Marcos Alcón o Aurelio Fernández, todos estos al final optaron por enviarlo a los tribunales, y dejarle marchar, ya que si estiraban del hilo probablemente no estaría él solo como responsable, en esa aventura nefasta.
Otro de los personajes que aparece en el libro, del cual nos dedica una buena parte, Michael Albert, conocido, suyo ya de tiempo atrás y que le consigue una maleta del Consulado Italiano del Gobierno Mussolini, que no deja de ser un buen argumento para una película de Hollywood, pero dejemos por resolver el misterio en el propio relato del libro que Oliver nos cuenta.
Llega un momento en el apartado de la FAI que García Oliver habla de la manifestación del Primero de Mayo de 1931, de todos conocida como por el día que apareció el “Comité de Defensa Económica” y que según él habló desde la tribuna, sin embargo, no aparece en la prensa de aquellos días, que hablara él, y después nadie menciona lo de las banderas rojinegras, también hay un dato que recojo en el libro de Aurelio Fernández, “Tras las huellas de un generoso solidario” donde hago una observación de Severino Campos, ya que él, García Oliver y otros tuvieron que partí hacia los presidios para abrir las puertas de las cárceles, puesto que en un primer momento solo se abrieron las cárceles de las grandes ciudades, por lo que si esto es cierto, García Oliver no estaba en Barcelona aquel primero de mayo. Lo que sí es posible, es que, al poco tiempo, en un par de meses, se volvió a celebrar otro mitin en la puerta de Bellas Artes de muy parecidas características donde, la prensa recoge la participación de García Oliver y otros, por lo que es muy posible que fuera en ese momento, en ese mitin del mes de julio del 31 donde aparecen las banderas rojinegras de las que siempre habla García Oliver.
Al Comité de Milicias Antifascista le crecían los enanos y esta vez es el turno de Ventura Gassol un hombre comprometido de Companys que en un momento de aquella revolución no duda en exiliarse en París con grandes mentiras argumentado que los anarquistas poco más o menos había liquidado a media población. Un desastre, no se podía ganar nunca ni la revolución, ni tan siquiera defender la República, porque todo eran puñaladas por la espalda, como el caso del mal bicho de Ventura Gassol.
Minue que era uno de los colaboradores de Manuel Escorza, aparte de ser su cuñado, fue la primera persona que había detectado los movimientos de Ventura Gassol que ya los quintacolumnistas de Barcelona usaron sus favores para protegerse ellos y sus familias, al igual que los consulados de Alemania e Italia que estuvieron funcionando hasta primero de enero de 1937 con lo cual tuvieron tiempo de sacar del sector republicano, una gran cantidad de enemigos de la República, que luego continuaron trabajando y combatiendo en el sector fascista del franquismo.
El gran retrato que hace García Oliver tanto de Libertad Rodenas como de Rosario Dolcet, dos gigantes de la dignidad y del anarquismo, aún recuerdo cuando Margarita Carbó me decía sobre Libertad Rodenas “va ser la meva mare, en feia de mare i quan en vaig donar compta ja no hi era i ja no podía preguntar res”. Como también recuerda García Oliver con entusiasmo a Balbina Pi y su belleza, así como la dignidad de María Espés, la compañera de Pestaña.
Estábamos a mediados de septiembre y ya los hombres de la revolución notaban que aquello se acababa, la revolución estaba perdida cuando Durruti dijo aquello de “No nos importan las ruinas, porque sabremos reconstruir un mundo nuevo, que está creciendo a cada instante ”, ya corrían malos tiempos, y eso no es todo ahora que también he sabido por el investigador Ross Harkness que en 1963 que realizó una tesis doctoral editada en la Universidad de Toronto sobre el Periodista Pierre Van Paassen, aquel periodista que teóricamente entrevisto a Durruti en el frente de Aragón o en el sindicato del Metal de Barcelona y ahora sabemos que nunca existió tal entrevista, pero, eso si, nos carga todavía hoy de ilusiones.[2]

Solo falta el tema de la pólvora con humo y sin humo, por la mala fortuna de que en la zona republicana, almenos en
el frente de Aragón que se aprovisionaba con la intendència, Cataluña, Barcelona solo disponía de un tipo de pólvora con humo que al parecer solo podía llegar a hacer 50 disparos, después había que limpiar bien el fusil y aun así podía haber problema con los humos, con aquéllos disparos que reventaba la propia escopeta, en realidad se trataba de polvora para disparar salvas y poco más.
En definitiva había que formar un ejército de milicianos revolucionarios, pero muy mal equipados y un poco echados a su suerte.
Como también la columna de los “Aguiluchos” de 1500 hombres que partió hacia Huesca con un fusil para cada cuatro milicianos.
Y acabamos con todo el pulso por entrar en el Gobierno de Madrid y todo lo que significaba aquel abandono del Comité de Milicias Antifascista que tenía los días contados. Horacio Martínez Prieto y el propio Marianet fueron las dos personas que al parecer presionaron a García Oliver para que este aceptará el cargo, y así consta en el libro cuando todavía, según el propio Oliver destaca un añadido a la presión del momento con el tema de que todos aquellos que iban a los ministerios aceptaban si Juan García Oliver aceptaba entrar en el Gobierno de la República con el presidente Largo Caballero.
Lo dejo aquí, con la curiosidad de preguntarme y preguntar a los demás, si vale la pena conocer aquello que escribió el propio García Oliver después de tantos años.
Por lo demás, buena lectura
Manel Aisa Pàmpols
21-1-2026
[1] ver Ideas y verdades p.11, 20 ,36,37, 38, 39
[2] Ross Harkness : JE Atkinson director de The Star de Toronto editions University Toronto 1963